10/02/2010

"De paseo con Manolos"


Acabo de leer  Por tus zapatos te conocerán en el blog Cool and Chic y sinceramente creo que nunca un post tuvo un título más acertado.

La relación entre una mujer y los zapatos es algo que va más allá que el mero culto a un objeto.
Es cierto que los elegimos como si fueran novios y que, tras haber establecido con ellos el primer contacto visual, dejamos que nuestras pieles se fusionen, escuchamos con suma atención todas las sensaciones que se desencadenan en nuestro interior y nos abandonamos al disfrute de esa dulce sinfonía que vemos reflejada en un espejo.



Es verdad que con unos buenos zapatos vemos la vida de otra forma, desde otra perspectiva!
Y también es cierto que nuestro amor hacia ellos es incondicional pero al mismo tiempo incapaz de jurar fidelidad y compromiso en una relación monógama.
¿Qué mujer no cedería a la tentación de tener unos más?
Si es que además nunca sabemos si nos fallarán o no.    
Desde luego, en mi caso es así. 
Me atrevo con casi todos pero no niego que a muchos, tras la primera cita,  no los vuelvo a sacar de casa.
Y no dígáis que no es así porque, ¿cuántas veces nos ha pasado de dejarnos seducir por los más atractivos y luego nos han fastidiado tanto que no podemos volver a sacarlos por ahí?

Desde luego yo lo tengo claro:
Con los zapatos vale la misma regla que con los hombres: ¡cuanto más guapos más puñeteros!
Y si no explicadme cómo sacar de paseo a unos Manolos o a unos Jimmy sin que te hagan daño.
Y encima ya les llamamos hasta por el nombre... ¡No tenemos remedio!

2 comments:

  1. Menuda relación d amor-odio. Algunos son preciosos, elegantes...te enamoras d ellos y cuando t los pones y pasan horas o a veces con algunos minutos.....ya no puedes más!! y t entran ganas d gritar! de arrancarte los zapatos de los pies y tirarlos y les odias con todas tus fuerzas....el dolor d pies es insoportable!! Cómo puedes transformarte así....Así q sí, Vale! hay q llamarlos por su nombre para poder desahogarnos mejor!!!!!!

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  2. Ale, tienes razón, es una buena justificación para explicar el porqué personificamos los zapatos.
    ;-)

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